El proceso de la investigación

Los jóvenes ante su crisis: una integración fragmentada entre el mercado y la información
Juan Mora Heredia* Raúl Rodríguez Guillén* Lilia Anaya Montoya**
(Fragmento)

Desde finales de la década de los ochenta, apuntaladas por la globalización, las fuerzas del mercado vertiginosamente han invadido e impactado todos los ámbitos del orbe. La economía mundial se rige disciplinadamente por sus principios, auspiciando la opulencia entre unos cuantos, mientras la gran mayoría resiente abrumada el avance de la pobreza.El logro alcanzado durante el periodo de posguerra con un reparto más equitativo de la riqueza bajo la tutela estatal,hoy día aceleradamente se diluye.Las normas e instituciones que dieron vida a esa época de bienestar Inmerso en una sempiterna crisis económica desde la década de los ochenta, México no presenta horizontes favorables para su población. Sin atisbos de solución pronta, esta precariedad se concentra con mayor intensidad en grupos vulnerables como los jóvenes, orillándolos a la exclusión y a una quiebra de expectativas que favorece su proclividad al desencanto existencial y la anomia social. social son desmontadas en aras de valores egoístas y un consumismo exacerbado, provocando entre los individuos una crisis de sociabilidad, coligada a una fractura de la adhesión social.
El planeta se empequeñeció y nunca como ahora la tecnología hace viable la eficacia del capitalismo al máximo, dependiendo en lo mínimo del poder obrero. Aunque sea necesario apuntar la diferencia entre transformación de la estructura de ocupación, de la erradicación del principio de desigualdad, ya que si bien el empleo ahora se erige sobre la base de reglas más injustas para los trabajadores, la desigualdad adquiere facetas mucho más perniciosas. De facto, la expansión de la pobreza y el desempleo deterioran la calidad de vida de las sociedades en lo general, pero sus secuelas son más lesivas en grupos vulnerables como las mujeres, los niños, los jóvenes, los viejos, los migrantes o los indígenas,quienes ven limitado su acceso a recursos de vida básicos, y en muchas ocasiones de manera definitiva. Señalado lo anterior, este artículo incursiona en el proceso de integración de los diferentes jóvenes mexicanos en los recientes treinta años.Aquellos que, agobiados por las transformaciones estructurales, se afanan por insertarse en unas quebrantadas esferas laboral y educativa para el cumplimiento de sus expectativas de movilidad social.Generaciones prohijadas por la crisis, las cuales en medio de un profundo estancamiento económico,una creciente despolitización y un agreste conservadurismo, tratan de resistir la marginación con identidades urbanas exóticas, acciones colectivas espontáneas, o sublimando el consumo fútil.
La centralidad es la desigualdad social Para la segunda mitad del siglo xx,se despliega un acelerado intercambio de bienes materiales y culturales, circunstancia a la que se le ha calificado como globalización. Es un punto de inflexión que ha dado pie a una redefinición en los ámbitos de espacio, tiempo, distancias y fronteras, siendo las Tecnologías de la Información y la Comunicación (tic´s) el motor sustantivo en estos cambios.A partir de la globalización, la mayoría de las sociedades se convierten en entidades mucho más receptivas a lo que sucede en cualquier parte del mundo. De esta manera, el estrecho nexo entre la tecnología y la economía de mercado ha propiciado: a) una disminución en la población activa de la población ocupada en la industria;b) la disolución de fronteras entre trabajo manual y trabajo intelectual; c) el aumento del paro entre grupos sociales específicos;y d) la desasistencialización como tarea de Estado fomentando las infraclases . Con esta nueva condición de desigualdad social, cada vez más personas son relegadas de los mínimos de bienestar, frenando su integración al orden social.Se propicia la cancelación de oportunidades vitales para amplios segmentos de la población que ya ni siquiera tienen la posibilidad de sentirse explotados,debido que están entrando en la dinámica de la exclusión . Una diferenciación que manifiesta rasgos inquietantes respecto a la visión tradicional del desarrollo social, toda vez que ya no se asienta exclusivamente en el carácter explotador del vínculo capital-trabajo, sino que ahora empiezan a tener relevancia para el alcance de oportunidades los atributos naturales o adquiridos socialmente –privilegio positivo o negativo– de cada individuo.
Con ello, el género, la raza y la edad, como cualidades innatas,y la nacionalidad,la lengua o la religión,como adscripciones,se constituyen en elementos definitorios que regulan la obtención de los satisfactores vitales y sociales4 . Así, jóvenes, niños,mujeres, ancianos, indígenas y migrantes sufren no solamente la exclusión de los mínimos de bienestar,sino incluso de las oportunidades de pugnar por los mismos.
La crisis del mundo de trabajo (empleo y economía)
Si bien la pobreza a nivel mundial ha crecido aceleradamente en los últimos años, para la región de América Latina esta situación ha sido particularmente grave9 , toda vez que los ajustes estructurales en materia económica tuvieron lugar en un contexto en el que los regímenes de bienestar y la industrialización fordista llevada a cabo en los centros de desarrollo capitalista, no se concretaron de este lado del planeta. La pobreza y la indigencia se han convertido dramáticamente en parte del panorama cotidiano de los latinoamericanos...
Al momento de las reformas neoliberales en América Latina, la región no había alcanzado la universalización de la seguridad social, no había creado una masa asalariada ni tampoco había logrado un modelo de industrialización distinto al sustitutivo de importaciones. Este modelo económico estaba apoyado en un sector asalariado limitado y escaso...
Dicha particularidad con la que América Latina se incorpora a la economía de posguerra, se ve aún más agravada por la desregulación estatal que en materia laboral se implementó a partir de los años ochenta, lo que ocasionó en la región el aumento de tres factores claves para entender la exclusión y desintegración social: el desempleo, el deterioro de las condiciones de trabajo y el aumento de la informalidad [...]
Durante varias décadas la juventud se caracterizó como la etapa de transición a la vida adulta, como la etapa de preparación previa a la integración social a través de dos elementos principales: la educación y el empleo. En estos dos rubros, las instituciones jugaban un papel decisivo como mecanismos que articulaban tal inserción; sin embargo, hoy tales mecanismos están en crisis.
...La mayoría de los jóvenes se emplean en el sector informal, en el comercio ambulante o en empleos sumamente precarios, con bajos salarios, sin estabilidad laboral ni mucho menos seguridad social, como son los establecimientos de comida rápida, las maquiladoras, las ventas por teléfono y los centros comerciales. Para estas modalidades de empleo, el trabajo cambia radicalmente el sentido que tenía: el trabajo ya no es más el punto de articulación de la economía capitalista, sino un costo que hay que abaratar a toda costa.
Con este panorama, no es de sorprender que sean precisamente los jóvenes de hoy, hijos de quienes hace 20 ó 30 años también fueron jóvenes, los más afectados por la violencia social que hoy tristemente caracteriza a México. Así, el narcotráfico y las redes del crimen organizado se han presentado como una “opción” de sobrevivencia para los jóvenes mexicanos al incorporarse cada vez más a estas actividades. La pobreza y la exclusión son el caldo de cultivo para que los cárteles de la droga engrosen sus filas de sicarios con niños y jóvenes.

La situación de los jóvenes que acabamos de apuntar no es sino la expresión de un proceso de exclusión y precarización estructural de la vida en México, cuyos alcances aún no han sido lo suficientemente dimensionados ni ponderados por quienes toman decisiones en materia de política pública, pues este proceso de precarización resulta funcional y redituable para un reducido grupo de actores sociales que se benefician de tal condición. En este sentido, esta condición estructural de exclusión hace de los jóvenes un “botín” sumamente jugoso para las redes y organizaciones del crimen organizado, en tanto que son estos jóvenes quienes se están incorporando a las actividades del narcotráfico, el secuestro, el robo, etc., ya sea como mecanismo de subsistencia o bien como la única salida a la creciente frustración de expectativas. Dicha incorporación opera mayoritariamente en los niveles más bajos de dichas organizaciones, pues tales actividades han crecido con la complicidad y, en muchos casos, bajo el liderazgo de las élites políticas cuyo origen social se ubica en una posición muy distinta a la de los jóvenes excluidos.

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