Contracultura

Contracultura
José Agustín

Hay muchas maneras de entender el conceptos de contracultura, según sea la posición que se tenga ante ella, según se simpatice o se discrepe. Aunque se tomaron en cuenta las ideas y puntos de vista de Fernando Savater, Luis Antonio de Villena, María José Ragué, Luis Brito García, Carlos Monsiváis, Parménides García Saldaña, Oscar Collazos, Theodore Roszak, Nathan Adler, otros pesados, en este libro la contracultura abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivos, que rebasan, rechazan, se marginan se enfrentan o trascienden la cultura institucional, generalmente enajenante, deshumanizante, las posibilidades de una expresión auténtica entre los jóvenes, además de que aceite la opresión, la represión y la represión la explotación por parte de los que ejercen el poder, naciones, corporaciones, centros financieros o individuos.
En la contracultura el rechazo a la cultura institucional no se da a través de militancia política, ni de doctrinas ideológicas, sino que, muchas veces de una manera inconsciente, se muestra una profunda insatisfacción. Hay algo que no permite una realización plena. Algo, que anda muy mal, no deja ser. Es lo que expresa la canción "Satisfacción", de los Rolling Stones, que no por nada es un cuasihimno en la contracultura y en la que por una cosa o la otra no se puede estar satisfecho. Ante esta situación la contracultura genera sus propios medios y se convierte en un cuerpo de ideas y señas de identidad que contiene actitudes, conductas, lenguajes propios, modos de ser y de vestir, y en general una mentalidad y una sensibilidad alternativas a las del sistema; de esta manera surgen opciones para una vida menos limitada. 
Por eso la contracultura también se le conoce como culturas alternativas o de resistencia. No se trata de una subcultura, pues ni remotamente está por debajo de la cultura; podrá no conformarse con ella pero siempre se trata de fenómenos culturales.
Por lo general, se tiende a relacionar a la contracultura con los movimientos de rebeldía juvenil de los años sesenta, quizá porque al sistema le gustaría restringir ese tipo de acontecimientos a un área específica del tiempo. Eso ocurrió una vez y nada más. Mientras más rápido lo olvidemos, mejor. Sin embargo es evidente que las manifestaciones contraculturales se pueden rastrear desde mucho tiempo antes y que parecen desde antes de los sesenta y continúan después en México y en numerosas partes del mundo. Por lo general se debe tener en mente que a la cultura institucional le repele profundamente todo lo que sea contracultura, porque ésta muestra carencias evidentes y denuncia, a pesar de que a veces no se lo proponga, la enfermedad cada vez más grave de las sociedades manipuladas y sojuzgadas por centros de poder económico, político y cultural en todo el mundo. Por esa razón, desde siempre. La contracultura ha generado la incomprensión y represión franca en la mayoría de los casos. La contracultura es un fenómeno político.
Es un hecho que la contracultura surge cuando aumenta la rigidez de la sociedad y las autoridades pregonan que todo está bien, de hecho, casi inmejorable, porque para ellos, en la apariencia, así lo está. Sin embargo el desfase, la verdadera esquizofrenia, entre el discurso y la realidad es tan abismal que consciente e intuitivamente mucha gente joven lo percibe y por tanto desconfía de las supuestas bondades del mundo que ha heredado. Descree de las promesas y las metas de la sociedad y se margina, se apoya en jóvenes como él que viven las mismas experiencias y se crea su propia nación, empieza a delinear modos distintos de ser que le permitan conservar vivo el sentido de la vida.
El sistema diagnostica todo esto como "romanticismo que pasa con el tiempo", pero, de cualquier manera, no deja de apretar tuercas. Como piensas que ser joven equivale casi a ser retrasado mental, no escucha razones ni planteamientos que se le hacen y en cambio, sin soltar el garrote, presiona para que el muchacho acepte acríticamente lo que se dice, para que sea dócil y se deje encauzar por los pavimentados carriles de la carretera de las ratas. Si el joven no acepta, entonces se le regaña, se le desacredita, se le sataniza y se le reprime, con una virulencia que varía según el nivel de pobreza e indefensión. La de la contracultura es una historia de incomprensiones y represiones. 

Referencia: Agustín, J. (2008). La contracultura en México. (2a ed.). México: Editorial Debolsillo. Pp. 129-131.

Comentarios